Entrevista

Conozca la austeridad solitaria del Presidente del Senado, Alberto Gonzales

Replicamos esta crónica escrita por la periodista Mery Vaca y publicada en Página Siete.
Con Gringo Gonzales no hay forma de comunicarse por WhatsApp porque no usa smartphone. Tiene un pequeño celular, de esos que cuestan 200 bolivianos, en el que recibe los casi olvidados mensajitos de texto.
Cuenta que  le entregaron dos celulares de 1.400 dólares cada uno, pero prefiere no utilizarlos porque, de forma solitaria, encara una política de austeridad en el ejercicio de su cargo, que le ha llevado a pagarse la cuenta de su teléfono y  otros gastos.
Tampoco utiliza las dos vagonetas que le asignaron en su calidad de Presidente del Senado. De hecho, guarda en uno de sus escritorios los cerebros de ambos vehículos y los coloca sólo una vez por semana para que un chofer dé una vuelta por la plaza Murillo con la finalidad de que no se arruinen por el desuso.
Entonces, se transporta en vehículos del servicio público, ya sea minibús, trufi y a veces radiotaxi. “Me siento más tranqui”, dice, aunque reconoce que es propietario de un vehículo.
Tratándose del tercer hombre del país, debería tener a su servicio tres edecanes y ocho policías. Él prescindió totalmente de los primeros y se quedó sólo con dos policías que cuidan la puerta de ingreso a su oficina.
Cuando viaja, recibe viáticos para sus gastos, pero asegura que devuelve el cambio a una cuenta del Banco Unión, lo que le ha generado un problema administrativo puesto que no existe la figura de devolución de fondos.
Según Gonzales, en un solo año logró ahorrar 600 mil bolivianos sólo por prescindir de estos gastos de transporte, telefonía y seguridad. En cambio, se negó a aportar dinero de su sueldo para la última campaña del referendo porque, como todo clasemediero, vive de su salario.
Cualquiera diría que Gringo exagera. La excesiva austeridad podría ser igual que la excesiva modestia, pues podría terminar dando un mensaje equivocado. Él dice que lo hace porque es su forma de ser. Ni siquiera, dice, busca dar un ejemplo para que otros sigan sus pasos.
Se sabe que cierto alto dignatario calificó como “una payasada” su decisión de no subirse a vehículos oficiales.
Hasta ahora no se conoce de otros legisladores o funcionarios del Gobierno que hayan decidido hacer lo mismo. Y Gringo los entiende porque, dice, el uso de vehículos y celulares es parte del ejercicio de ciertos cargos.
Incluso, una de las principales críticas de los opositores a la actual gestión de Gobierno es el “despilfarro” de recursos públicos. Sin ir muy lejos, el presidente Evo Morales usa un avión de 38 millones de dólares, una caravana de vehículos blindados y, últimamente, en vez de subirse a las vagonetas, algunas veces sale directamente en helicóptero desde la residencia presidencial.
Gringo Gonzales es un ferviente seguidor de Morales. De hecho, cuando alguien se refiere a él como masista, aclara que en realidad es evista.
Fue Evo quien lo invitó, primero a ser candidato a alcalde de La Paz, luego a ser prefecto y finalmente, cuando ya llegó al Gobierno, lo convenció para que se haga cargo de la oficina de Gestión Social, aquella que en épocas neoliberales era para la primera dama de la nación. Aceptó porque quería ayudar a los más vulnerables, de los que tanto había hablado en la televisión.
Pero, eso resultó ser una especie de engaño bien intencionado porque el Presidente le dijo que al mismo tiempo fungiera como su secretario privado. Terminó siendo solamente secretario privado y sólo acudió una tarde a la oficina de gestión social para pedir a los funcionarios que le preparen un informe de sus actividades. Nunca volvió a revisar qué decían esos informes.
Una decisión familiar lo llevó a dejar ese cargo. Luego sería cónsul en Argentina y embajador en Brasil. Su regreso al país fue, también, su retorno a los medios. Pero, nada sería como antes porque como él mismo dice, citando al colombiano Darío Restrepo, un periodista que vuelve al gremio después de estar en la política es “un cojo”.
“Así con mi cojera volví, pero tuve una recaída y me dio cojera en la otra pierna”, ironiza haciendo referencia a la invitación que nuevamente le hiciera Evo Morales, esta vez para ser candidato a senador por La Paz.
Ahí está, como Presidente del Senado por tercer año consecutivo. Cuando se le pregunta cómo se siente en el cargo, repite tres veces la palabra “complicado”, sin poder explicar de buenas a primeras qué le ocurre.
A más insistencia, cuenta que a su edad, 55 años,  las personas tratan de ser felices y “está claro que esto no me hace feliz”.
Y, entonces recuerda su glorioso paso por los medios de comunicación, en los que  lo que más valoraba era el contacto diario con la gente. “No cambio jamás en la vida una mañana en la radio, hablando con la gente, con la mejor sesión que haya podido dirigir”.
No es para menos. Los legisladores nunca fueron bien vistos. Y ahora no es la excepción. Muchos contribuyen a esa mala fama quitándoles parte de sus salarios a sus empleados, haciendo lobbys en uno y otro sentido, viajando sin cesar, cobrando viáticos para Cochabamba, pese a que viven en esa ciudad o, finalmente, usando el lujoso smartphone que está pagado por el Estado para mirar un “festival del culo” mientras se desarrolla una importante sesión sobre las elecciones judiciales.
Gringo, en ese mundo político, no se salva de las polémicas, como aquella que armó cuando apareció en una conferencia de prensa vestido de pollera para reivindicar a las mujeres, luego de que un alcalde había sido obligado a vestirse de mujer como forma de castigo.
Lo que ocurre, trata de explicar, es que la gente siente que “los políticos son bichos desagradables, la gente no quiere a los políticos”, más allá de cuánto se trabaje por los demás.
Por eso mismo, no descarta regresar a los  medios. “Nunca digas nunca”, señala, aunque reconoce que no es fácil.
Gonzales fue periodista y presentador de diversos canales de televisión y fue el creador de exitosos programas como el  Que no me pierda, que se difunde por Red Uno. En cada etapa tuvo una compañera inseparable, su hija Valeria, quien también es periodista y presentadora de televisión y con quien canta a dúo en las fiestas familiares, recordando sus épocas de músico, cuando grabó siete discos.
El  nombre real del presidente del Senado es José Alberto Gonzales, pero para todos es conocido como Gringo o, como lo llama el Presidente, Grindio. Evo, siempre Evo. Por él está en la política y, sobre todo, en él confía, de otra manera no se podría explicar que ya lleve tres años de infelicidad sin chistar.
“Sigo viéndolo como una persona sana, honesta y trabajadora, merece que uno le acompañe”, dice a manera de justificativo de su paso, ya largo paso, por la política.

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