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Torre “Equis”: con el porte, la resistencia y la nobleza de mil caballos

Usted puede imaginarse la nobleza y el porte gallardo de mil caballos dando pasos apurados cual magos equilibristas en el casco viejo de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, despabilando a los vecinos y despejando sus miedos. Hasta puede escuchar en la loseta, como suave tambor, el ruido de esta cabalgata que avanza hacia la Avenida Irala y la calle La Paz No 74. Ahí se detiene y los ojos de los ciudadanos se encienden de pasión y aplausos mientras dan la bienvenida al maravilloso tropel que  sincroniza movimientos perfectos  reflejados en sus crines y en aquella resistencia arrolladora e imparable.

Ellos son los invitados de oro, aunque imaginarios, de don José Roberto Arturo Suárez Molina, el hombre de los tres nombres, arquitecto de profesión graduado en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y fanático de los “Equis” (caballos, en latín), en la apertura de su obra estrella en la capital cruceña.

La Torre Equis, de doce pisos, no es un edificio más en el centro de la ciudad. Es el resultado de una bella síntesis arquitectónica de este profesional nacido en Sucre que lleva en sus venas la pasión y la visión de los Suárez de Santa Cruz y todo el país por el arte en todas sus manifestaciones.

Es fácil seguirlo con la mirada, tiene el don de energizar el ambiente y hacer placentera la entrevista. Siempre está risueño como su esposa Cecilia Mendoza, también arquitecta y socia en este proyecto junto al emprendedor Juan Carlos Salaues. “Canas, ganas y juventud se juntaron aquí en Torre Equis”, dice.

En Sucre trabajó 25 años en la restauración de aquellas blancas casas señoriales de estilo neoclásico y republicano hasta convertirlas en verdaderos monumentos históricos donde ahora funcionan bancos, empresas, instituciones públicas, hoteles y todos aquellos edificios que conforman el centro comercial, económico, financiero, social, turístico y político de la ciudad de los cuatro nombres, capital del país.

“Soy apasionado en todo lo que hago”, expresa, mientras habla de arquitectura, un oficio que le fascina porque a través de ella puede contribuir a la sociedad no sólo en el sentido de ofrecerle un estilo o una imagen bonita, sino una estructura confortable y cálida para convertirla en la mejor oficina o en el mejor hogar del mundo.

Hace cuatro años que se vino a Santa Cruz con su familia cautivado por la tierra prometida, pero como buen visionario, arquitecto, restaurador y pensador no se dejó convencer por los cantos de sirena que hablan de lugares sagrados para vivir. Quería algo que lo hiciera sentir como en casa. Y entonces se preguntó por qué no re descubrir el centro histórico o casco viejo de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, rescatarlo y repensarlo para aplicar el concepto de vivir bien ahí?

Y razones le sobran. Estar en el centro tiene más virtudes que defectos. Puedes caminar silbando, libre como los pajarillos y las flores porque estás a unos pasos de la Manzana Uno y su arte, de la Plaza 24 de Septiembre que se arrulla entre su monumental Catedral y sus palmeras, de los salones de teatro, de las discotecas, de los antiguos cafecitos y tabernas, de los colegios más legendarios, de las clínicas más reconocidas,  de las pulperías de la abuela con el pan recién horneado, de los edificios más emblemáticos y la leyenda dorada de las casonas del casco viejo.

Tan sólo esto basta para que los cruceños de antes y ahora vuelvan a vivir y caminar por esas calles llenas de tejados, horcones e historia de romanticismo, y vuelvan a querer dar serenatas, escuchar  los cuentos de la viudita, del mojón con cara y del carretón de la otra vida, o tan sólo disfrutar de las noches de luna llena desde la plaza, y encontrarse con los vecinos de antes y su modo de andar, de abrazarse, de darse la mano y hasta de soñarse.

Eso anhela y eso sueña nuestro entrevistado. Es por ello que en su torre que hace honor a los caballos que tanto ama,  tiene 9 niveles de apartamentos (dos por piso con dos ascensores) acogedores como una casona con su amplio living comedor, suite con vestidor y baño, dos dormitorios donde caben perfectamente dos camas, cocina independiente para aislar los olores de la comida, lavandería, despensa, habitación y áreas de servicio, entre otras instalaciones recubiertas con losas técnicas que envuelven los aires acondicionados y calefactores, y un sistema de ventilación natural donde corre el viento amable y fresco de la ciudad. Un plan de contingencia, sistema anti incendios y seguridad las 24 horas, garantizan la seguridad plena.

Los otros  niveles de la torre son destinados para oficinas comerciales, en tanto que se han habilitado  dos niveles subterráneos o sótanos para áreas de estacionamiento, y en el piso número doce se ubica la majestuosa piscina de aguas cristalinas azules como el mar para el disfrute placentero de sus habitantes. Una linda churrasquera y un amplio salón para karaoke y eventos completan todo.

La Torre Equis tiene un estilo contemporáneo con una estructura antisísmica única en su género en Santa Cruz, equipada con un sistema moderno y vanguardista de aislamiento acústico para que los vivientes no perciban ruidos molestos del tráfico de la calle, o del vecino cuando descarga el inodoro, se ducha, o cierra la puerta.

El ingeniero civil Eduardo Suárez ha sido el maestro del cálculo estructural perfecto de la torre, quien ha incorporado a la estructura “lindos voladizos” que permiten abrir ventanas de principio a fin sin estar cortadas por las incómodas columnas. “Este edificio fue construido con amor, a capricho, para que los cruceños puedan estar a sus anchas, disfrutando en el centro de la mejor casa que se merecen”, anota.

Mientras sus ojos se encienden de luz y felicidad al ver finalizada su obra maestra, cuenta su pasión por los caballos, evocando que de pequeño cabalgaba en los inmensos viñedos y quintas de sus abuelos en la ciudad de Camargo,departamento de Chuquisaca, deporte que fue cultivando con el tiempo y el que ahora practica en clubes de equitación del Urubó. Como es cuestión de sangre y amor, sus hijos Roberto y Bernardo también son fanáticos de los caballos, y éste último ha sido campeón en competencias juveniles de saltos, en tanto que el pequeño Arturo de tan sólo tres años ya sabe de la sensación hermosa que se siente al cabalgar.

En la entrada de la Torre Equis se puede admirar la escultura en filigrana de un caballo blanco que te invita a vivir para siempre aquí en esta torre de ensueño.

Texto y fuente: Elenir Centenaro

www.eiinews.com

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